Don Pacho, como cariñosamente lo llaman sus amigos y conocidos, es un hombre digno de admiración. Sin más educación formal que un grado de básica primaria, desde muy joven empezó a rebuscarse la vida ayudando a acomodar cajas de frutas y verduras en la Central Mayorista de Medellín hace más de 50 años, cuando la pobreza en la que vivía con su madre viuda y sus 4 hermanos menores no daba tiempo para pensar en nada diferente a trabajar para poder llevar comida a la casa.
Pacho se levanta a las 3:00 AM todos los días desde que era un adolescente para trabajar en la Mayorista. Desde joven era tan organizado que a pesar de tener unos ingresos tan modestos y ser el responsable de una familia tan numerosa, se las arregló para ahorrar una pequeña parte desde que empezó a trabajar.
Gracias a su energía, honestidad y capacidad para aprender rápido, se fue ganando la confianza de sus jefes y poco a poco fue obteniendo tareas de mayor responsabilidad hasta el punto de que en solo 10 años llegó a ser el jefe comercial y al mismo tiempo el contador de la compañía distribuidora de frutas y legumbres para la que trabajaba.
Como era natural, sus capacidades, su conocimiento del negocio y su buen nombre en el medio lo llevaron a independizarse antes de cumplir los 30 años de edad para iniciar su propia compañía distribuidora de frutas y verduras: Distribuidora La Central.
En los 40 años siguientes, La Central prosperó más allá de los sueños del mismo Pacho. Hoy tiene presencia en las principales ciudades del país, es una marca reconocida que provee a grandes cadenas de supermercados y el buen nombre de don Pacho es reconocido y valorado por sus 250 empleados.
Desafortunadamente hace unos meses a don Pacho le diagnosticaron un cáncer que al parecer no ha sido detectado a tiempo y tiene una alta probabilidad de no sobrevivir más de 5 años. Esta situación lo ha hecho reflexionar mucho y empezó a hacer importantes cambios. Durante toda su vida no ha hecho sino trabajar y pocas vacaciones ha tenido, así que, dado que sus hijos no tienen interés en el negocio de las frutas y verduras, contrató a un gerente externo con la idea de retirarse y vivir de los dividendos generados anualmente por su compañía gracias al trabajo de toda su vida, dando prioridad al disfrute de sus últimos años y deteniendo el crecimiento de su compañía. Esto le permitirá tener tiempo para disfrutar más con su familia, dedicarse al tratamiento contra el cáncer que padece y viajar un poco a sitios que siempre soñó conocer pero que nunca ha visitado por estar dedicado siempre al trabajo. Sin embargo…
El plan de don Pacho iba bien hasta que llegó el nuevo Gobierno de Colombia y el pasado 8 de agosto radicó en el Congreso un proyecto de reforma tributaria que, de ser aprobado, tiene el potencial de acabar con la mayor parte de lo construido durante toda su vida. Resulta que don Pacho ahora no podrá disfrutar de los dividendos de su compañía porque la reforma plantea que los dividendos serán tratados como una renta ordinaria y sujetos a un impuesto de hasta el 39%, que le aplicaría a don Pacho. Esto le parece inaudito y no entiende por qué si su empresa, Distribuidora La Central S.A.S., ya paga el 50% de sus utilidades en impuestos (34% en impuesto de renta y el resto entre IVA, GMF, Predial, ICA, etc.), ahora también deberá pagar otro 39% sobre el dinero restante que pensaba utilizar para su retiro. En sus propias palabras dice:
«Si los dividendos son lo que me queda después de pagar en impuestos más de la mitad de lo que gana mi empresa, porqué me van a cobrar también sobre los dividendos otra vez si ya pagué. Me van a cobrar doble. Entre lo que pago ya en la empresa hoy y lo que me pretenden quitar con la reforma, el estado se llevará entonces el 70% de las utilidades. No me quitarán el negocio pero me impedirán disfrutar de sus utilidades, entonces es como si me lo quitaran. Imagine que a un médico o a un abogado que gana $10 millones le dijeran que tiene que pagar $7 millones en impuestos y que solo le quedarán $3 millones para él, todo el mundo estaría protestando, pero como yo soy empresario, nadie protesta«.
Atribulado por esta situación, don Pacho decidió entonces vender su empresa, pero aquí también se encuentra con otro sin sabor, pues resulta que el proyecto de reforma también propone aumentar el impuesto a las ganancias ocasionales del 10% actual al 30% para las personas jurídicas y hasta el 39% para las personas naturales. En este punto don Pacho tiene doble problema porque hace algunos años conformó una sociedad SAS que es la propietaria de sus acciones en La Central. Como su empresa la fundó hace tanto tiempo con muy poco dinero y su valor en la actualidad es muy superior, prácticamente casi todo el valor de la venta de la empresa hoy se considerará una ganancia ocasional para la DIAN (porque el valor de compra o de constitución fue muy bajo) y don Pacho, de pasar el proyecto de reforma tributaria, tendría que pagar entonces un impuesto a las ganancias ocasionales del 30% del valor de la venta (que es casi todo su patrimonio) y otro 39% sobre el saldo restante al liquidar o distribuir los recursos de la SAS. En resumen, con la reforma, a don Pacho solo le quedará 42,7% de su patrimonio. El resto, ese 57,3% restante, se irá en impuestos solo porque quiso vender su empresa para jubilarse.
“Yo soy honesto, pago a mis empleados como corresponde, no hago trampas, la gente me quiere porque soy justo, sé que debo hacer mi contribución a la sociedad y por eso no me invento trampas para evadir y he pagado los impuestos que me corresponden durante 40 años. La mitad de lo que he ganado en mi empresa se ha ido en impuestos, y el crecimiento ha sido producto de reinvertir el resto, lo que quedó después de pagar esos impuestos. Entonces no entiendo por qué ahora me quieren quitar también más de la mitad de lo que me quedó después de pagar. No he gastado casi nada en 40 años. Ni unas vacaciones he tenido. Lo único que he hecho es trabajar desde las 3:00 AM todos los días. Esto es injusto. Dijeron que no nos iban a expropiar pero con esta reforma me están expropiando vía impuestos más de la mitad del trabajo de mi vida. En Colombia no va a quedar un solo empresario con esa nueva reforma. Todo el mundo se irá. Solo prosperarán los negocios informarles y, peor aún, los ilegales. Ya yo estoy viejo y voy a morir pronto, pero a las juventudes de hoy no les espera un buen país para desarrollar sus emprendimientos”.
Con esas palabras se despide Don Pacho, un personaje ficticio pero con una situación muy real de lo que van a empezar a vivir cientos de miles (o tal vez millones) de pequeños, medianos y grandes empresarios en Colombia que serán prácticamente expropiados en caso de ser aprobada la reforma tributaria presentada por el gobierno de Gustavo Petro el pasado 8 de agosto ante el Congreso de la República.
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