Ganadería y cambio climático

Soy obsesivo. Cada cierto tiempo tengo un tema en la cabeza y me dedico a leer todo lo que pueda sobre él hasta que llega otro que toma su lugar. Esto me pasa de manera recurrente, el interés va y vuelve con el tiempo. Por estos días el turno es para el cambio climático así que he retomado este proceso de aprendizaje que inició hace algunos años cuando vi el famoso documental del exvicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, titulado ‘Una verdad incómoda’, lanzado en el año 2006. Recuerdo muy bien que ese fue el inicio de mi interés por el calentamiento global debido al impacto que me causó. No podía creer que las cosas fueran tan mal y que nadie hiciera nada para remediarlo.

Desgraciadamente, tengo la hipótesis de que el hecho de que el autor y presentador de ese documental fuera un político y no un científico, aunque los datos mostrados estuvieran totalmente soportados por la ciencia, fue el punto de partida para que la crisis climática se convirtiera en una causa política asociada al partido demócrata, al que pertenece Gore, y se ganara la indiferencia de los simpatizantes de los republicanos. Mas tarde, con la fuerza que empezaron a ganar algunos movimientos ultraconservadores liderados por políticos populistas radicales, el calentamiento global terminó convertido en un invento de la izquierda socialista para una gran parte de la población mundial. Es una desgracia que un problema real que amenaza nuestro modo de vida se haya vuelto una bandera política que desconoce medio mundo, literalmente. Sin embargo, me arriesgo a escribir sobre este tema porque yo no lo puedo desconocer. No soy político ni me interesa ser popular, solo sé que la evidencia está ahí y el problema nos afecta a todos, independientemente de si lo queremos creer o no.

Antes de continuar debo decir que tengo intereses económicos en una empresa que presta servicios al sector ganadero, así que muchos podrían pensar que no puedo ser imparcial. Yo, por el contrario, creo que alguien que tiene intereses en el sector ganadero y que reconoce el problema del calentamiento global como una realidad inocultable es una voz que debería ser escuchada con atención.

Entonces vamos al grano. Sabemos que todas las actividades humanas hoy causan gases de efecto invernadero. El principal gas de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera es el dióxido de carbono (CO2). Hay muchos otros gases que causan un mayor o menor impacto que el CO2, así que para poder tener una medida estándar, los científicos hacen el cálculo convirtiendo a toneladas equivalentes de CO2 todos los demás gases. Es así como 1 tonelada de Metano, que causa 28 veces más efecto invernadero que el CO2 se cuenta en las métricas de las emisiones anuales como 28 toneladas de CO2 equivalente. El mundo hoy emite 51.000 millones de toneladas equivalentes de CO2 cada año (51.000.000.000), y el aporte de los grandes grupos de las actividades humanas es el siguiente:

  1. Fabricar cosas (cemento, acero, plástico, etc): 31%
  2. Consumir energía (electricidad): 27%
  3. Cultivar y criar (plantas, animales): 19%
  4. Desplazarnos (aviones, camiones, cargueros): 16%
  5. Calentar o enfriar (calefacción, aire acondicionado, refrigeradores): 7%

Todo lo que hacemos produce gases de efecto invernadero. Entre más rica es una persona y entre más rica es una sociedad, más gases de efecto invernadero produce, así que en la medida en que la población aumenta y en la medida en que más personas salen de la pobreza, lo cual es un proceso que se está dando y es positivo, más gases de efecto invernadero se generan. El desafío entonces consiste en encontrar maneras de vivir sin emitir estos gases a la atmósfera.

La ganadería claramente está en el tercer grupo de actividades de la lista y su aporte se contabiliza básicamente por la deforestación y por los eructos y los pedos de las vacas. A mi me parece bastante injusto que se estigmatice a la ganadería por la deforestación cuando la inmensa mayoría de ganaderos de nuestro país produce en tierras que tienen tradición ganadera desde hace siglos. Es cierto que hay gente deforestando bosques para muchos usos, incluida la ganadería, pero las personas que hacen esto son una minoría y en todo caso hay normas y leyes para evitar que esto ocurra. Es el estado el que está fallando en detener esta actividad ilegal donde se presente y sancionar a los responsables. Es cuestión de hacer cumplir la ley.

Por otro lado están los pedos y los eructos de las vacas que producen gas metano, que como ya lo dije, es 28 veces mas dañino que el CO2. Este sí es el verdadero problema que tenemos aquí. Según la FAO, en el mundo hay unas 1.000 millones de cabezas de ganado destinadas a la producción de carne y leche las cuales son responsables por 2.000 millones de toneladas equivalentes de CO2 anualmente. Esto es el 4% de las emisiones totales anuales. Indudablemente que no es un problema menor así que examinemos las opciones reales que tenemos para colaborar con la solución.

Honestamente creo que el mundo no va a dejar de consumir carne y lácteos por el calentamiento global. Es imposible cambiar los gustos culinarios de millones de personas vendiendo la idea de que van a salvar el planeta volviéndose veganos. La realidad es que quienes tienen el poder adquisitivo para consumir carne y lácteos hoy, lo seguirán haciendo mañana. Es posible que ciertos sectores de la población en países ricos reduzcan levemente su consumo pero esta pequeña reducción de la demanda se verá ampliamente compensada con los pobres que se inserten a la clase media y que empezarán a disponer de la capacidad económica para permitirse aumentar su consumo de carne y lácteos.

Entonces la solución al problema tendrá muy poco que ver con la demanda, pues creo que esta seguirá en aumento, así que tenemos que buscar soluciones por el lado de la oferta. Ya hay muchas startups produciendo imitaciones de origen vegetal de la carne que están teniendo relativo éxito. También hay otras produciendo carne real fabricada en laboratorios, alternativa que hoy es demasiado costosa como para masificarse pero que hay que tener en cuenta como una amenaza verdadera e inminente para el sector ganadero en el futuro dado que algún día su costo disminuirá.

En realidad es poco lo que un ganadero puede hacer individualmente para colaborar con la problemática, pero creo que las agremiaciones de ganaderos sí están llamadas a tomar cartas en el asunto y a empezar a disponer de partidas presupuestales para financiar investigación aplicada con el objetivo de encontrar soluciones comercialmente viables que lleven a la disminución o eliminación del metano producido por las vacas en su proceso digestivo. Esto puede sonar descabellado pero ya otros lo están intentando y hay algunos avances prometedores. Unos investigadores han desarrollado un compuesto que reduce un 30% el metano producido por las vacas. El problema hoy es que debe administrarse una vez al día, lo que lo hace inviable para la inmensa mayoría de las explotaciones ganaderas. Otros estudios han encontrado que las vacas de Norteamérica producen 5 veces menos metano que las de Suramérica y que las africanas producen mucho más que las suramericanas. Si encontramos el factor genético que lleva a unas razas (o unas zonas geográficas) a producir más o menos metano en su proceso digestivo, podríamos incentivar cruces o mejoras que lleven a reducir sus emisiones en los animales menos eficientes en el proceso digestivo.

En fin, hay muchos líneas de investigación que se pueden seguir pero no está en manos de un ganadero individual recorrer estos caminos. Es injusto maltratar y estigmatizar al ganadero cuando es un actor económico que produce proteína para alimentar a una población en constante aumento. Está en manos del gobierno y de los líderes gremiales estar a la altura de la situación y tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, uno de los objetivos misionales del Fondo Nacional del Ganado es «la investigación científica y tecnológica y la capacitación en el sector pecuario». Este fondo podría destinar recursos para financiar investigación científica como la requerida. Por supuesto que es una inversión arriesgada que podría dar frutos a muy largo plazo o tal vez no darlos nunca, pero hay que hacerlo. ¿Qué tal que nos suene la flauta y nuestra carne colombiana sea pagada con una prima en los mercados internacionales por haber logrado producirla con vacas de baja emisión de metano o con cero emisiones? ¿Qué tal que desarrollemos una tecnología o una raza que se vuelva un producto de exportación de clase mundial? Yo soy un soñador y me gusta la idea de convertir los problemas en oportunidad. Pongámonos manos a la obra.

2 comentarios sobre “Ganadería y cambio climático

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    1. Claro que lo vi. No me gustó la manera como retratan a los ganaderos como si fueran una banda delincuencial organizada tratando de defender sus intereses a sangre y fuego. Me parece totalmente fuera de la realidad, pero hay que ver todos los puntos de vista. Saludos.

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