Mis libros y yo

Sobre cómo los libros que he leído han moldeado mi pensamiento y personalidad

Desde que era un adolescente entendí que mi comprensión del mundo no se podía basar en mi experiencia personal. Es decir, si la pasaba mal en una fiesta, no podía concluir que la fiesta estuvo mala. Siempre supe que era un error hacer una conclusión general (la fiesta estuvo mala) a partir de una experiencia personal (yo la pasé mal en la fiesta). La forma correcta de llegar a una conclusión en este caso era indagando cómo la habían pasado la mayoría de los asistentes, cosa sencilla de hacer aquí, pero si quería comprender cómo funcionaba realmente el mundo a mi alrededor, la principal fuente de conocimiento estaba en los libros.

Desde muy joven nunca fui muy amante de la literatura porque el placer no lo encontré en las historias de ficción. Mi satisfacción siempre la he encontrado en los libros que me enseñan cosas: biografías, historia, economía, divulgación científica, finanzas, etc. Y siempre recuerdo esos títulos o autores que han ido moldeando mi personalidad y forma de pensar. A continuación les presento un somero repaso de los que al momento de escribir esto se me han venido a la cabeza.

Mi pensamiento económico

Cuando quise saber sobre los fundamentos de la economía capitalista, me remití al clásico de clásicos La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, el cual me permitió entender cómo funciona la famosa «mano invisible» que hace que la búsqueda individual del bienestar de cada individuo redunde finalmente en el beneficio de toda la sociedad de manera no planificada. Por supuesto, me tocó hacer el contraste con la antítesis del capitalismo estudiando los principales postulados por Karl Marx en su obra cumbre El Capital, y concluí que el único sistema que realmente funciona para generar bienestar para toda la sociedad es el capitalismo. El socialismo es un fracaso.

Sin embargo, tiempo después me llamaron profundamente la atención las desigualdades que vi al visitar New York y Washington. Cómo era posible que en estas dos ciudades, una la capital de la nación más rica del planeta y la otra la principal ciudad de esta misma nación, existieran tantas personas sin hogar y tanta indigencia en las calles conviviendo al lado de la opulencia de la quinta avenida, los grandes rascacielos y Wall Street. Algo no debía estar marchando bien. En ese momento me interesé por el tema de la desigualdad económica y social y llegué al premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, leyendo su libro El Precio de la Desigualdad. Un libro digno de un académico como Stiglitz, cargado de citas y estudios que evidencian cada argumento planteado, que me hizo revaluar mi idea previa de que el libre mercado era la solución para todos los males del mundo. Claramente sí se necesita que el estado interveniera en ciertas áreas para lograr compensar las ineficiencias de los mercados.

Varios libros más tarde, y después de estudiar un poco la escuela de economía austriaca, me dejaron en una posición que la resumió perfectamente el expresidente colombiano Juan Manuel Santos cuando dijo: «El mercado hasta donde sea posible y el estado hasta donde sea necesario». Ni más ni menos. Esto no es de izquierdas ni de derechas. El modelo económico que funciona es el capitalismo pero este tiene sus fallas y es ahí cuando la intervención del estado se justifica.

Sobre la formación de riqueza personal

Desde mis tiempos de universitario estuve interesado en leer las biografías de los empresarios más exitosos. John Rockefeller, Bill Gates, Carlos Slim, Julio Mario Santodomingo, Luis Carlos Sarmiento, Amancio Ortega, Aristóteles Onassis, Fuad Char, Henry Ford, J.P. Morgan, José Alejandro Cortés entre docenas de muchos otros, han sido en su momento una fuente de inspiración para mi, pues yo quería ser empresario. Pero un empresario en particular realmente cambió mi vida por completo y me refiero a Warren Buffett. Nunca olvido aquel momento en el año 2010 cuando estaba leyendo algo sobre Buffett y él decía que el mejor libro sobre inversiones que se había escrito jamás era El Inversor Inteligente, escrito por el inversionista y académico Benjamin Graham, conocido como el decano de Wall Street y quien gracias a ese libro se convirtió en el ídolo de Buffett en los años 50’s. En junio de 2010 compré el libro y no puedo olvidar que devoré las más de 700 páginas de la séptima edición en español en menos de una semana. Fue una completa revelación para mí entender las bases del método de inversión (el value investing) que llevaron a Buffett a convertirse en el más exitoso inversionista de todos los tiempos.

El Inversor Inteligente marcó un antes y un después en mi vida. En ese momento yo era alguien que había renunciado a su empleo como Gerente de una sucursal bancaria para dedicarme a los negocios por mi cuenta, pero no tenía claro un enfoque y estaba muy disperso en distintos negocios. Una vez leí ese libro sabía qué quería hacer en la vida y cómo lo iba a hacer. Entendí que si estudiaba mejor y aplicaba medianamente bien el método de inversión en valor (value investing) que exponía Graham en su libro, podía llegar a tener un patrimonio importante en mis años de vejez.

Cuando estaba en séptimo semestre de Ingeniería Industrial aprendí el concepto del interés compuesto, que me permitió entender que en el largo plazo se puede amasar un gran patrimonio a partir de un inicio modesto, pero ese era el «qué»; el «cómo» me lo dio El Inversor Inteligente.

Recuerdo también que cuando estaba recién graduado yo vivía leyendo toda clase de publicaciones de economía y negocios, era suscriptor del diario La República y de la revista Dinero, y un buen amigo se burlaba de mi porque pensaba que yo estaba buscando la fórmula de la riqueza en esas lecturas, pero a él, quien se jactaba de no haber leído nunca nada en su vida, le iba económicamente mejor que a mi. Pues la verdad es que yo siento que sí encontré la fórmula de la riqueza y no es más que una combinación de paciencia para que el interés compuesto haga su magia, e inversión en valor para obtener ganancias modestas pero seguras cada año durante muchos años. La fórmula de la riqueza rápida y segura no la pude encontrar. Encontré esta fórmula que requería mucha paciencia pero me llevaría al objetivo.

Después de El Inversor Inteligente vinieron muchos libros sobre el tema como Los Ensayos de Warren Buffett (un compendio de las cartas anuales que ha escrito Buffett a sus accionistas durante seis décadas), La Bola de Nieve (biografía de Buffett), El Pequeño Libro que Bate al Mercado, Tu Puedes Ser Un Genio de la Bolsa (título chistoso pero es un libro muy serio), La Gran Apuesta, The Net Net Stock Strategy, Margen de Seguridad, King Icahn y muchos otros que han ido dando forma a mi pensamiento y métodos en la actividad empresarial e inversionista.

Divulgación científica

La ciencia siempre me ha fascinado. Entender los fenómenos naturales no solo es gratificante sino liberador: te libera de supersticiones. Cuando tenía unos 13 años leí Breve Historia del Tiempo, de Stephen Hawking. Me permitió entender lo insignificante que es el planeta tierra en la escala cósmica. El Mundo y sus Demonios de Carl Sagan, La Edad de la Razón de Thomas Paine, Historia de la Ciencia de John Gribbin y El Espejismo de Dios de Richard Dawkins, me llevaron no solo a entender mejor cómo funciona la ciencia, que se basa en la razón y la evidencia, sino también a comprender el daño que hacen las religiones y las creencias supersticiosas en general al avance y el progreso del conocimiento humano. Todo esto me llevó a convertirme en un ateo militante. Militante porque me sentía con la obligación de des-evangelizar a todos mis conocidos alertándolos sobre los peligros de las decisiones basadas en esa forma tan antinatural de entender el mundo.

Mi misión des-evangelizadora resultó siendo un fracaso, así que opté (esta vez sí a partir de esa mala experiencia personal) por quedarme callado cuando se hablaba de dioses y/o religión porque son temas muy sensibles para la mayoría de las personas. Pero sigo pensando que las creencias que no se basan en la razón y la evidencia, como toda superstición incluida la religiosa, son perjudiciales para el avance de la sociedad.

Cuando quise entender mejor el mecanismo de la evolución biológica, me remití al mismo Charles Darwin, leyendo no solo el clásico El Origen de las Especies sino su autobiografía. Fue estupendo entrar en la mente del hombre que descubrió el mecanismo exacto que dio origen a la diversidad de la vida en la tierra a partir de unas células primitivas hace miles de millones de años, y cómo vivió el conflicto entre sus creencias religiosas y las evidencias que descubrió a partir de sus investigaciones que le demostraban que sus creencias eran equivocadas. Simplemente, fascinante.

Mi camino por el tema de la evolución biológica dio su más reciente paso con la lectura de El Gen Egoísta, del respetado biólogo evolutivo y divulgador científico británico Richard Dawkins. De ahí creo que he logrado comprender un poco el origen de ciertos comportamientos humanos que tienen su explicación en el mismo mecanismo de la evolución. Pero hablando de comportamiento humano, la lectura de libros como Pensar Rápido, Pensar Despacio, del psicólogo ganador del Nóbel de Economía Daniel Kahneman, así como The Psicology of Human Misjudgment, el famoso ensayo del inversionista y pensador Charlie Munger, me han convertido en un hombre que está mucho más alerta de los sesgos cognitivos que nos llevan a tomar decisiones equivocadas en todos los aspectos de la vida.

Otras lecturas que me han marcado

  • Los Fuera de Serie, Malcolm Gladwell. Aquí descubrí que no hay fórmulas infalibles para el éxito. Cada persona exitosa cree tener una fórmula o una serie de hábitos que lo han llevado al éxito pero la realidad es que el éxito extraordinario no depende únicamente del talento o el esfuerzo individual, sino que está profundamente influido por factores externos como el contexto cultural, las oportunidades, las circunstancias históricas y sociales, y el tiempo invertido en el desarrollo de habilidades. Los logros excepcionales son el resultado de una combinación de ventajas acumulativas, no simplemente de cualidades innatas o trabajo duro.
  • En defensa de la ilustración, Steven Pinker. La tesis principal aquí es que los ideales de la Ilustración —razón, ciencia, humanismo y progreso— son las fuerzas más poderosas que han mejorado el bienestar humano a lo largo de la historia. Pinker argumenta que, aunque a menudo se critica el progreso moderno, los datos muestran que vivimos en una de las épocas más prósperas, pacíficas y saludables de la humanidad gracias a estos ideales. Gracias a este libro, entendí que me identifico plenamente con los ideales del movimiento ilustrado.
  • Quiet, Susan Cain. El subtítulo de este libro es «el poder de los introvertidos en un mundo incapaz de callarse». Me llamó la atención este libro después de ver la charla Ted de la autora, porque yo soy totalmente introvertido. Definitivamente nunca he sido el alma de la fiesta, y entendí que no hay nada de malo en ello. Por el contrario, entendí que las personas introvertidas poseen fortalezas únicas y valiosas que a menudo son subestimadas en una sociedad que privilegia la extroversión. Cain argumenta que el “ideal extrovertido” domina culturas como la estadounidense, pero que el equilibrio entre introvertidos y extrovertidos es esencial para la innovación, la creatividad y el liderazgo.
  • Cómo Evitar Un Desastre Climático, Bill Gates. Este libro me permitió comprender mejor el tamaño del desafío del cambio climático y, aunque Gates lo escribe en un tono bastante optimista, yo terminé bien pesimista acerca de la probabilidad real de resolver el problema antes del año 2050 como se requiere, pues se necesita un enfoque integral basado en avances tecnológicos, inversiones masivas en innovación, políticas públicas efectivas y cooperación internacional, cosas que veo difíciles de lograr cuando muchos políticos aun están discutiendo si el problema es real o no. El problema del cambio climático es una realidad y no da espera para su solución porque lo que viene es catastrófico.

Hasta aquí este resumen de algunos de los libros que recuerdo que han tenido gran influencia en la persona que soy hoy, en mi comportamiento, en mis procesos de toma de decisiones personales y profesionales y, en general, en mi personalidad. Creo que el 90% de mi personalidad ha sido definida por la lectura de libros y el aprendizaje de los estudios, la estadística y la experiencia de otros, mientras que solo un 10% es producto de mi experiencia personal. En conclusión, yo soy lo que he leído en mayor medida de lo que he vivido. Hasta la próxima.

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